lunes, diciembre 09, 2013

16

Este año,
el verano,
tardó mucho
en llegar.

Todos se quejaban,
¡que empiece ya el calor!
y a mí me daba
exactamente igual
que no hubiera
ni un rayo de sol
capaz de contrariar
a ese aire frío
del principio
de la primavera.

Cuando por fin
la buena temperatura
hizo su aparición,
tú ya estabas mejor.

Meses después,
el clima fresco,
propio del otoño,
también se hizo
de rogar.

Todos se llevaban
las manos a la cabeza,
¡por favor, que acabe
este bochorno infernal!,
y nada me importaba menos
que ver descender
los grados
del termómetro.

La misma semana
en que un invierno 
tormentoso y precoz
tomó la ciudad,
tú ya estabas
en el hospital.

En todo ese
paréntesis remolón 
entre estaciones,
lloré en contadas
ocasiones.

Algún día,
al principio,
por los pasillos
del Clínico,
y algún otro,
en casa,
bajo el chorro
de agua
de la ducha.

Sólo dos veces
me permití
sacarme la careta
delante de ti,
y cada una duró
cinco minutos
de reloj.

Tu voz y 
tus palabras
eran lo único
que me podía
consolar.

Entretanto
me fui tragando
las lágrimas
por el camino.

Reprimí 
hasta los
suspiros.

Luego te fuiste
y, de repente,
me volví
de piedra,
de corcho
de cartón,
se entumecieron
mis sentidos,
recubriéndose
de hielo.

Me pincharon
anestesia
sin que yo
me diera
cuenta.

Pero a medida
que pasan 
las semanas,
los efectos
de la sustancia
que adormecía
mis labios, mis ojos,
mi boca, mi nariz
y mis dedos
son cada vez
más ligeros
y hoy, 
justo hoy,
ha empezado a salir,
furioso y desbocado,
todo lo que no he llorado.

Ahora sí que
comienza
para mí
una nueva
estación:
la que se
llama dolor.

Si acaba
en enero, en agosto,
en septiembre o en abril,
si me tendré
que abrigar
o sacaré
las sandalias
a pasear,
no lo puedo saber.

Sólo sé
que la tengo

que sufrir.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Aún no te he visto, aún no se que te diré cuando te vea, y aunque no se si es lo mejor, desde la distancia, solo me dan ganas de abrazarte fuertemente mientras escurrimos nuestras lágrimas. Lo mismo que estoy haciendo ahora, sin tu abrazo, pero con el ardor de tu escritura...

ML dijo...

Otro abrazo para ti, Anónimo.