jueves, diciembre 05, 2013

12

Quizá porque en ocho meses
no me dediqué a hacer proyectos de futuro,
sino a plantearte todas las preguntas
que se me ocurrían y cuyas respuestas,
más adelante, iba a necesitar.

Quizá porque en ocho meses,
antes de salir de cualquier habitación,
siempre te decía que te amaba
y, acto seguido, te achuchaba,
para ir dulcificando el adiós.

Quizá porque en ocho meses
combatí la enfermedad a tu manera,
pegada a tu lucha como un imán,
para que la ilusión creciera siempre
y día a día te hiciera el doble de fuerte.

Quizá, por eso,
los planes que haga 
a partir de ahora 
sean discretos,
con menos sabor a calendarios
y más a vivir el momento,
mientras quedo con tu perro,
en un parque, para desayunar.

Quizá, por eso,
las cosas bonitas
que tu esencia me ha dejado
me brindan la certeza de que
no pude hacer más de lo que hice,
y que me despedí de ti valiente,
sin guardarme dentro
ni media caricia,
ni medio beso.

Quizá, por eso,
para detener 
las dudas, la nostalgia 
y la flaqueza
que sólo tú sabías disipar,
hoy tengo que levantar
un muro a mi alrededor
y recluirme a escribir versos
con el mismo sentimiento que
–antes ardiente y ahora arruinado–
fue testigo privilegiado
de cómo nació

nuestro amor.

2 comentarios:

Mercè Castro Puig dijo...

Precioso María, tu corazón y cada una de tus células transmiten el inmenso amor que sientes por tu amado. Cada palabra es un a lágrima y, al mismo tiempo, una cálida esperanza.

ML dijo...

Las personas preciosas como tú que el duelo ha atraído a mi vida para que pueda salir adelante son la cálida esperanza, Mercè.