martes, julio 26, 2011

Lecciones tardías deconstructivas



A tres horas de vuelo,
el frío;
traigo calor
en los bolsillos
a esta ciudad-documental

vibro al rebobinar
las últimas canciones
de una cinta
que mi mundo creía
extraviada.

Un laberinto
de hormigón aséptico
y una melodía-hechizo
me recuerdan
los vestigios
de una historia
que, pariendo grandeza,
crió injusticia,

dos hijas
de la misma
familia.

Me suena
la banda sonora
de este pueblo-truncado,
cuya gloria
hoy expía en un museo,
de escalones que chirrían
y pasillos estrechos,
junto a otros pecados
blancos y negros.

Sostenido, el tempo,
convierte un muro pintado
con dolor en la mano
en himno del arte urbano,

y donde hendiera
su espada
el comunismo,
ya sólo quedan pósters
con diseños
exquisitos.

En el mercadillo
de segunda mano,
tarareo un delirio:
empezar con lo viejo
otro principio.

Busco un taxi
al aeropuerto,
escuchando
cómo cala
su silencio.

Me paro
en lo bello.

En el cielo,
de Berlín.

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