jueves, mayo 31, 2007

Letrabe


Y bajar por siempre
las Ramblas en verano,
y con olor a crema solar,
en perspectiva,
por el horizonte en flor,
de humanidad boreal.

Y subir como nunca
tus otoños,
mandándome a paseo,
callejera,
de tus cimas a tu puerto,
de tus abolengas vistas
a tu punto de fuga
de diseño y de cultura.

Y sobrevolarte entera,
agarrada del dedo
de Colón;
y escrutadora, como un águila,
quedarme prendada
en el pico más alto
de la Catedral,
hasta caer dormida,
soñando tu infinidad.

Y amanecer perdida,
desliando la noche
por el laberinto
de pasajes de Gracia,
compartir un shawarma,
una idea, una cerveza,
espiada por la luna llena
en la plaza del Sol.

Y contar los adoquines góticos
que, irregulares, te alfombran,
jugando a rayuela con ellos,
todas las tardes
del invierno.

Y trepar por tus paredes
por el eco de tus piedras,
escuchando las historias
de vestigios y personas.

Descubrir cómo alzas tanto arte
colándome en las ranuras
de tus esculturas,
en la continuidad de tus parques,
en la luz de tus farolas.

Y reunirme yo también con los amantes
que han sabido darles
alas a tus líneas,
garras a tus curvas,
construyéndote edificios
sólidos ante los destinos.

Y pisar tus primaveras
sin rumbo.
Sin ruta,
tus rincones abiertos.
Sabiéndote senda
de las almas vagabundas
que más te aprecian,
sintiéndome el aroma
en cada una de tus formas.

Y que un turista despistado me pregunte
cómo llegar al metro,
y entender adrede “cielo”
para poder yo decirle.
¡pero si el cielo es esto!

Mayúscula erguida,
arquitecta eterna,
singular, esplendorosa,
no cabe ni en este,
ni en otros mil poemas,
toda tu esencia,
Barcelona.

© ML'2002

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