martes, marzo 20, 2007

Niña-caverna



Olvidé decirte que
te he dedicado un poema;
son palabras que no he dicho,
son sentidos que me pesan.
Buenas noches, niño-cueva.

Tras calma y seguridad,
me vuelvo clarividencia,
quizá es falso realismo,
o quizá verdad quimérica.

Pero algo me hace creer
que siendo tú la serpiente,
siempre quise ser manzana,
y reírnos juntos de
Adán y Eva a sus espaldas.

Bajo el cielo, ser la envidia
de las hadas y los astros,
sobre el suelo, la decencia,
honrados por los gusanos;

y los duendes y los ángeles,
desde rincones sagrados,
nos dan edad, nos dan años,
hasta que exigen, longevos,
dientes, bastón y gafas,
madurados y serenos,
el amor y nuestras almas.

Aún así, no estamos solos,
en este infierno vacío,
las miradas son los tragos
de lágrimas por paraísos.
Me las bebo porque observo,
a latidos desairada,
que el observado no escucha
cómo mi corazón ladra,
que ni siquiera se inmuta.

De regreso aislado a casa,
en pesadumbre borracha,
pienso culebras y sapos,
pienso urracas y lagartos,
y sigo pensando que esto
es terrorismo emotivo,
en parte quieres ser mío,
sólo si duerme mi voz,
sólo si el sueño sigilo.

Mientras, escóndete, niño,
vete dentro de tu cueva,
que sólo tengo calor,
para los que el frío acechan.

©ML'01

2 comentarios:

Ula Jöberson dijo...

Hola María, por fin me atrevo a escribirte. Después de verte esta tarde te he (re)visitado esta noche.
A partir de ahora gozas de estar entre mis Favoritos. ¡Qué de cosas tiene el ciber-espacio! Así, en un solo click, podré leerte de inmediato.

Un besazo,

Roger

Nisshin dijo...

Boníssim princesa!