viernes, diciembre 22, 2006

Siddharta


Hoy la inconsciencia
me revienta
porque algo
modifica mis respuestas
a las sensaciones
del mundo exterior.

Sufro incomprensibles
cambios de humor.

Es una dependencia
física y mental
que no puedo abandonar;
un historial de uso continuo
durante cinco semanas
que han disparado mis ansias.

Sueño profundo.
Pupilas dilatadas.
Obnubilación.
Calor y frío al mismo tiempo.

El diagnóstico
es grave.
Quizás no mortal,
pero sí definitivo.
Reducir la dosis
es la peor parte.

Taquicardia.
Deseos febriles.
Temblores.
Pulso acelerado.
Ojos lagrimosos.

Orgasmos espontáneos.

No quiero
romper el hábito.
Menos aún,
admitir el problema.
Imposible
sobrellevar
el programa de abstinencia.

Metadona
cada seis horas;
nada de alcohol,
café o tabaco.

Respiro profundamente,
escribo cómo me siento
y deliro día a día recordando
que siempre me estaré recuperando,
que nunca estaré realmente libre de esta adicción.

Apenas los primeros síntomas
del síndrome de tu ausencia.

© ML'2006

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