viernes, diciembre 29, 2006

2007


Días blancos,
ordenados,
tintero y pluma
del mañana;
inequívocos,
pueriles,
tras borrones del ayer…

Nacen dispuestos y bravos
a ser dulces esperanzas
de los verdines amargos
que trepan por la pared.

Días blancos,
ordenados,
tiritas
para curar heridas,
siendo en nuevo resquemores
por dar paso a otras sonrisas.

Pues, ¿qué es -si no- el almanaque
más que un diente de león
ante el suspiro alocado
de los azares aciagos
o de un porvenir superior?

© ML'02-06

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